A unos treinta kilómetros al oeste de Lisboa se encuentra Sintra, una ciudad histórica situada entre las colinas boscosas de la Serra de Sintra. Reconocida como paisaje cultural Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO, la zona combina palacios reales, jardines románticos, fortificaciones de origen moro y senderos que atraviesan una vegetación subtropical. Para quienes se alojan en Lisboa, Sintra es una de las excursiones de un día más prácticas de Portugal gracias a las frecuentes conexiones ferroviarias y a la corta distancia entre los principales monumentos. En un solo día es posible visitar palacios coloridos, pasear por parques paisajísticos del siglo XIX y contemplar vistas que se extienden desde la costa atlántica hasta la región de Lisboa. Planificar bien la visita, saber cuándo llegar y qué lugares priorizar permite aprovechar mejor el tiempo en este destino.
La reputación de Sintra como lugar de descanso para la realeza se remonta a la Edad Media. Los reyes portugueses eligieron esta zona por su clima más fresco en comparación con Lisboa y por los bosques fértiles que rodean las montañas. Ya en el siglo XV, el Palacio Nacional de Sintra servía como residencia de verano de la monarquía portuguesa. Sus dos chimeneas cónicas siguen siendo uno de los rasgos arquitectónicos más reconocibles de la ciudad.
Durante el siglo XIX Sintra volvió a atraer gran atención cuando el rey Fernando II transformó las ruinas de un antiguo monasterio en el colorido Palacio da Pena. Inspirado en la arquitectura romántica que se extendía por Europa en aquella época, el palacio combina elementos góticos, moriscos y renacentistas. Sus muros rojos y amarillos, junto con terrazas y torres ornamentadas, crean una silueta muy particular sobre el paisaje forestal.
El paisaje cultural de Sintra también está marcado por quintas y villas construidas por aristócratas y figuras influyentes. Estas propiedades incluían jardines cuidadosamente diseñados con plantas traídas de Brasil, Asia y África. La combinación de arquitectura y naturaleza llevó a que la UNESCO incluyera Sintra en la lista del Patrimonio Mundial en 1995.
El Palacio da Pena suele ser el primer lugar en cualquier itinerario. Situado a casi quinientos metros sobre el nivel del mar, ofrece amplias vistas de la región. En su interior se conservan salas reales restauradas, mientras que el Parque da Pena ocupa más de doscientas hectáreas de paisaje forestal.
Otra visita imprescindible es el Palacio Nacional de Sintra, ubicado en el centro histórico. A diferencia del Palacio da Pena, esta residencia refleja varios siglos de historia de la monarquía portuguesa. Los visitantes pueden recorrer salas decoradas con azulejos, techos pintados y muebles históricos.
La Quinta da Regaleira también suele incluirse en una excursión de un día. Construida a comienzos del siglo XX, es conocida por sus jardines simbólicos, túneles subterráneos y el famoso Pozo Iniciático en forma de espiral.
Uno de los rasgos que distinguen a Sintra de otras ciudades históricas europeas es la extensión de sus parques y su entorno natural. Las montañas de la Serra de Sintra crean un microclima húmedo que favorece la vegetación densa, incluyendo camelias, helechos y cedros. Muchas fincas del siglo XIX aprovecharon estas condiciones para diseñar jardines paisajísticos.
El Parque da Pena rodea el palacio con senderos, lagos y especies botánicas traídas durante la época de expansión marítima portuguesa. Caminar por este parque ofrece una experiencia distinta a la visita del edificio, ya que los senderos conducen a miradores con vistas hacia la costa atlántica.
Otro paisaje destacado es el parque del Palacio de Monserrate. Diseñado en estilo romántico, sus jardines combinan terrazas ornamentales con colecciones botánicas procedentes de diferentes regiones del mundo.
El Castillo de los Moros ofrece uno de los miradores más espectaculares de Sintra. Construido durante el periodo islámico en la península ibérica, sus murallas siguen las crestas de la montaña y permiten observar amplias vistas de los bosques y del océano Atlántico.
Para quienes disfrutan de caminar, existen varios senderos que conectan los principales monumentos de Sintra a través del bosque. Uno de los más conocidos une el Palacio da Pena con el Castillo de los Moros y continúa hacia el centro histórico.
Otro lugar panorámico es Cabo da Roca, situado a unos quince kilómetros de Sintra. Este punto es conocido por ser el extremo occidental de Europa continental y presenta acantilados que se elevan sobre el océano.

El viaje desde Lisboa a Sintra es sencillo gracias al tren suburbano que sale de la estación de Rossio aproximadamente cada veinte minutos. El trayecto dura unos cuarenta minutos y conecta directamente con el centro de la ciudad.
Al llegar a Sintra, autobuses locales enlazan la estación con lugares como el Palacio da Pena, el Castillo de los Moros y la Quinta da Regaleira. La línea 434 es especialmente útil porque sigue una ruta circular entre varios monumentos.
Comenzar la visita temprano por la mañana ayuda a evitar largas colas. Muchos visitantes llegan después de las diez de la mañana, por lo que empezar antes permite visitar varios lugares con más tranquilidad.
Una ruta práctica comienza tomando el tren desde Lisboa alrededor de las ocho de la mañana. Desde la estación de Sintra se puede subir en autobús hacia el Palacio da Pena para iniciar la visita en uno de los lugares más populares.
Después de recorrer el palacio y el cercano Castillo de los Moros, el itinerario puede continuar hacia el centro histórico. Allí es posible hacer una pausa para almorzar y probar dulces tradicionales como los travesseiros o las queijadas de Sintra.
Por la tarde se puede visitar la Quinta da Regaleira o el Palacio de Monserrate antes de regresar a Lisboa. Los trenes circulan hasta la noche, lo que permite adaptar el horario según el ritmo del viaje.
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