La Gran Muralla China se extiende a lo largo de más de 21.000 kilómetros por el norte del país, pero solo un número limitado de tramos es realmente accesible para los visitantes internacionales. En un primer viaje en 2026, la elección del lugar influirá directamente en toda la experiencia: desde la afluencia de personas y la logística de transporte hasta el paisaje, la seguridad y el nivel de autenticidad histórica. Tras viajar por distintas regiones de China y colaborar con guías oficiales con licencia en Pekín, puedo afirmar que no todas las secciones ofrecen la misma sensación. Algunas están cuidadosamente restauradas y son cómodas; otras conservan un carácter más agreste y exigen mayor esfuerzo físico. Comprender estas diferencias es clave antes de planificar la visita.
Situada a unos 73 kilómetros al noreste del centro de Pekín, Mutianyu se considera una de las mejores alternativas para quienes visitan la Muralla por primera vez. Está completamente restaurada y estructuralmente reforzada, lo que permite combinar arquitectura histórica con servicios accesibles. El tramo cuenta con 23 torres de vigilancia y discurre entre colinas boscosas que ofrecen un paisaje especialmente atractivo en primavera y otoño. En 2026, Mutianyu mantiene un sistema de control de acceso en temporadas altas para regular el número de visitantes.
Una de las principales ventajas de Mutianyu es su terreno relativamente manejable. El recorrido entre torres es menos empinado que en Badaling, lo que la hace adecuada para familias, personas mayores y viajeros sin experiencia en senderismo. Dispone de teleférico y telesilla para acceder a la Muralla, además de un tobogán de descenso supervisado que se ha convertido en una opción popular y segura.
El transporte es sencillo. Desde Pekín se puede llegar mediante excursiones organizadas, traslados privados o combinando autobús público con lanzadera local. El trayecto suele durar entre 1,5 y 2 horas, dependiendo del tráfico. En 2026, el precio de la entrada ronda los 40–45 RMB, con coste adicional para el uso del teleférico.
Mutianyu resulta ideal para quienes buscan una introducción visualmente impactante pero cómoda a la Gran Muralla. Las restauraciones han sido amplias pero respetuosas, lo que permite apreciar la estructura sin que pierda su carácter histórico. La señalización en inglés y las barandillas en zonas empinadas aportan seguridad adicional.
Los aficionados a la fotografía valorarán las vistas panorámicas y la disposición abierta de las torres. En comparación con Badaling, la densidad de visitantes suele ser menor, especialmente si se llega antes de las 9:00 o después de las 15:00. Las primeras horas de la mañana en otoño ofrecen, por lo general, cielos más despejados.
Si solo dispones de un día en Pekín para visitar la Muralla, Mutianyu ofrece un equilibrio sólido entre accesibilidad, paisaje y atmósfera histórica. Para la mayoría de quienes viajan por primera vez en 2026, representa una elección práctica y segura.
Badaling es la sección más visitada de la Gran Muralla y fue la primera en abrirse oficialmente al turismo en 1957. Se encuentra a unos 70 kilómetros al noroeste de Pekín y cuenta con conexión directa por tren de alta velocidad, lo que la convierte en la opción más sencilla para llegar por cuenta propia. En 2026, el trayecto desde la estación Beijing North dura aproximadamente entre 30 y 40 minutos.
Este tramo ha sido ampliamente restaurado y reforzado. Los caminos son amplios, las barandillas robustas y la infraestructura turística extensa, con museos, áreas de restauración y servicios organizados. Por estas razones, Badaling suele utilizarse para visitas oficiales y eventos institucionales.
Sin embargo, su popularidad implica grandes flujos de visitantes. En fines de semana y festivos nacionales, la afluencia puede superar las 60.000 personas al día. A pesar de los límites de entradas implantados en los últimos años, la congestión sigue siendo notable en temporada alta.
Badaling es adecuada si el tiempo es muy limitado y dependes exclusivamente del transporte público. La conexión ferroviaria es clara, eficiente y asequible, lo que facilita la visita independiente incluso para quienes no están familiarizados con el sistema de transporte de Pekín.
También es una opción recomendable para personas con movilidad reducida. La pendiente es moderada, las superficies están estabilizadas y el control de seguridad es constante. Para quienes priorizan comodidad y accesibilidad, Badaling sigue siendo una alternativa fiable.
Si decides visitar Badaling, planifica con antelación. Optar por un día laborable fuera de los periodos vacacionales chinos —como la primera semana de octubre o el Año Nuevo Lunar— mejora notablemente la experiencia y permite disfrutar mejor del entorno.

Para quienes prefieren menos visitantes y un entorno más cercano al estado original, Jinshanling y Simatai ofrecen una perspectiva distinta. Situadas a unos 130–150 kilómetros al noreste de Pekín, requieren un trayecto más largo —entre 2 y 2,5 horas en coche— pero recompensan con paisajes montañosos y arquitectura parcialmente restaurada.
Jinshanling destaca por su mampostería original de la dinastía Ming y por la variedad de diseños de sus torres de vigilancia. Las intervenciones han sido selectivas, conservando gran parte del carácter histórico. El terreno es más exigente que en Mutianyu, por lo que resulta más adecuado para viajeros activos.
Simatai es singular porque permite visitas nocturnas autorizadas. Las torres iluminadas crean un efecto visual llamativo al anochecer. En 2026, el acceso está regulado para garantizar la seguridad y la conservación, y sigue siendo el único tramo abierto oficialmente por la noche.
Elegir Jinshanling o Simatai depende de tus expectativas y condición física. Son zonas más tranquilas y cercanas al aspecto histórico original, pero requieren mayor preparación. Es imprescindible llevar calzado adecuado, agua suficiente y tener en cuenta las condiciones meteorológicas.
Estos tramos resultan especialmente atractivos para fotógrafos de paisaje y viajeros con experiencia previa en China. El contraste entre zonas restauradas y muros más erosionados permite comprender mejor la evolución constructiva durante la dinastía Ming (1368–1644).
Para una primera visita, pueden ser opciones memorables si se prioriza la autenticidad frente a la comodidad. No obstante, implican mayor planificación logística y esfuerzo físico. Si existen dudas sobre el nivel de resistencia o el tiempo disponible, Mutianyu suele ser una introducción más equilibrada.
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